jueves, 8 de marzo de 2007

ERNESTO CARRIÓN






Menciona a:
Javier Ponce
Roy Sigüenza
Cristóbal Zapata
Wladimir Zambrano


Guayaquil, 1977. Es autor de La muerte de Caín, cuarteto formado por los poemarios: El libro de la desobediencia, Carni vale, Labor del extraviado y La bestia vencida (CCE, 2007), que es, a su vez, el primer volumen de una trilogía única titulada Ø. Del quinteto Los duelos de una cabeza sin mundo, han aparecido: Fundación de la niebla (Cascahuesos editores, Perú, 2010), Demonia factory (Zignos, Perú, 2007; Eskeletra, Ecuador, 2008; Limón Partido, México, 2009; El Conejo, Ecuador, 2011), Monsieur Monstruo (Ed. de autor, Ecuador, 2009) y Los diarios sumergidos de Calibán I (Doble Rostro editores, Ecuador, 2011). Además ha publicado: Toma esta cabeza mestiza por donde rodará un dios judío (Santa Muerte cartonera, México, 2008), la plaquette Los diarios sumergidos de Calibán (Conaculta, México, 2009), Bóveda 66 (Matapalo cartonera, Ecuador, 2010; Mantis editores, Guadalajara, 2011), Ghetto Americano (Catafixia editores, Guatemala, 2010) y Cyborg Democracia (Dadaif cartonera, Guayaquil, 2011). Tuvo a su cargo el volumen Identidades a plazo. Recopilación de textos de pacientes del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce (CCE, 2008). Ha sido Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2002), Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín (2007), Premio Nacional de Literatura Jorge Carrera Andrade (2008), Finalista del II Certamen de Poesía Hispanoamericana Festival de la Lira (2009), Becario del Fonca y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo en México (2009) y Mención Especial del III Certamen de Poesía Hispanoamericana Festival de la Lira (2011). Trabaja en 18 Scorpii, volumen que cierra su trilogía.


  • POÉTICA:
¿Amo lo que me limita? ¿Duermo envuelto en lenguaje? ¿No queremos acaso a veces ir más allá del lenguaje, porque sentimos simplemente que no abarca todo lo que necesitamos gritar? Sé que este lenguaje me limita, sin embargo este lenguaje también me da la forma, me otorga la vida y abre el mundo ante mis ojos, nuestra relación termina siendo la de un canibalismo consentido, tiene la marca de la unidad desgarradora. Sin embargo mi lenguaje es mi ideología, existe en constante consonancia con el sujeto que la emplea. Mi lenguaje es lo que yo quiero hacer de mí, lo que creo de mí mismo, lo que me dibuja sin temor frente a los otros. Mi lenguaje dice de mí, todo el tiempo, cosas que mi silencio solamente arroja a posibles interpretaciones. Y la poesía, que tiene siempre la intención de modificar este mundo, está inflada de lenguaje, es por esto que siempre que hablemos de poesía estamos hablando de política y amor e ideología.



  • POEMAS


ARMISTICIO DE CASSANDRA


bajo los almendros erguidos por el torcido abrazo de las lluvias, en este día de marzo en que mi palabra calla lo que dice, dios es una mujer batiendo su borracho muslo sobre los ojos de los hombres más pacient
es. Un árbol de piedra que amanece rojo entre la nieve, como un miserable. ¿Pero quién encenderá una vela por nosotros, los vagabundos, monsieur Proust? ¿una sonrisa de cascabeles alrededor de ese río que hospeda toda ruina?

dos soles consuelan el endurecimiento de ese único polvo del camino.

rupturas que piensan que la muerte es más que eso.



ORIGEN Y RECONSTRUCCIÓN DEL PRIMER HOMBRE (Teoría de Caín)

años tuvieron que pasar para reconocer la peste. Sucedió sin embargo, a la misma hora, en que los rayos del sol acostumbraban a reír sin temer ser sorprendidos por el aguacero. Las colinas, mansamente cubiertas por el vaho enemigo, a gusto en los pastizales. Los riachuelos, centelleando hacia arriba, mientras las piedras como pájaros carpinteros angostaban su vuelo sobre las tejas del agua. Parecía haber perdido la vida sus rondas secretas, sus camas arrogantes de limo imperceptible, donde las lágrimas veneraban sus escarabajos. La madre, armada de lengua y mirada gigantesca, creaba esas figuras galantes, fantásticas del hombre del futuro. El padre, recogido en el miedo a su osamenta, dibujaba lechuzas y fermentaba licores para fregar la inmundicia. Asomaba por encima, de la gran humareda de las bestias, el hombro de un gigante. Mientras la siembra adolescente, casi blasfemando, pasaba su mano indeseable por la boca del cielo. Alguien que miraba hacia atrás, decidió recogerse el cabello negro, duro, aplastado hasta la súplica de los rehenes de sus ojos, que le prohibían distinguir hacia adelante: Caín descendía hermoso con el cuerpo de su hermano sobre el arco insobornable de su espalda. Había concluido el primer acto de amor registrado en los anales de la historia. Había Caín lavado, con su atrevimiento, el pecado del mundo.


[o]

huesa por los caminos rodados soñando con la escalera con esa inmensa escalera donde los hombres fajan canículas a otra madrugada reprobada Anotado al pie de los octubres para que sane yo: aquella noche habías soñado con una inmensa escalera donde los hombres peleaban unos con otros –en fila y gritando al dios enroscado en su cloroformo mientras sus huesos iban arqueándose hasta alcanzar la clara figura de la deformación Éramos todos deformes como la propia escalera acaracolada donde vivíamos:

una escalera que guiaba

del infierno                                                                                                                                                   al cielo
del amor                                                                                                                                                        al odio
del sueño                                                                                                                                            a la realidad
de la iluminación                                                                                                                                         al acto

[y etc.]

estuvimos alguna vez ahí?           Sí         como si fueras tú mismo ebrio y poeta y barco marchándose malquerido con la mirada suplantando los relámpagos cobrizos que van cosidos al iris como un helecho fracturando la cabeza Como si fueras tú mismo esa planicie tibia del recuerdo donde las estrellas se resquebrajan para indicar tu maldad Boca despidiéndose arrastrando su peste por unos cuántos cuartos 

monte adentro entonces me rogaste: alguien conozca el inicio o el final de esta escalera o al menos el final de nuestra historia  perdida                        yo aún te ruego alguien conozca nuestra historia –sin emigrar del libro

1 comentario:

Federico Novoa O. dijo...

Como siempre Ernesto nos sorprende con sus letras que llegan hasta el mismo laberinto mental